domingo, 10 de mayo de 2026
INSOMNIOS
(A mi ex Tribu)
Quisiera trascender la noche y el día,
la condición sempiterna
de lo oscuro y la luz
que nos impuso el Sol u otros Dioses.
Encendí antorchas, incontables velas
para alargar el día y engañar la noche.
Cuando era cazador
nos regía el comienzo de la caza
o el ataque al alba de los monos al maizal
que salíamos somnolientos apalear.
Nos despertaban los críos con hambre
y en el ocaso diario de nuestro Sol
al calor de efímeros lares,
las matriarcas censuraban la noche.
Ahora, los pájaros citadinos
confunden a los faroles con el Sol.
¿Cuantos insomnios escuché cantar
a pájaros peregrinos, a zorzales sedentarios
creyendo que llegó El Día?
La noche, el día,
nuestro tempo vegetal, animal o pétreo
hasta el espacio, los ríos, los mares,
son una fronteriza movediza
que ni los vientos controlan.
Y nuestros sentidos, palabras,
y hasta las piedras rodantes
o domesticadas en los templos
fenecen por alguna creencia.
En este mío insomnio
heme intemporal, o quizás,
ya no me drama la Tierra,
con sus ciclos inmutables,
variables o establecidos
y su majadero eterno retorno.
A veces,
por una rendija de lo insomnio
creí descubrir un otro Universo.
Pero allí me guiñaron las mismas estrellas,
me soñaron los mismos sueños
que nos inquietaron cuando controlamos el fuego.
o cuando clanes enemigos nos impedían dormir.
Los insomnios son provocados por guerras,
hambre, pestes, amores frustrados
y otros sufrimientos de perra.
Mas, por la rendija de un sin dormir
a veces me sonó otra música:
vi dunas azules, espirales dorados,
engullí palabras con merkén,
soñé que ganamos batallas,
me amaron palabras sin ciclos
que nos enjaulen.
Quisiera trascender los ciclos
y la fuerza de gravedad,
en que nos vive el Cosmos,
o que nos impuso Newton.
(su EUREKA de la manzana
nos dejó clavados como espantapájaros
en la madre Tierra, respetando leyes
como cualquier bicho, bosque o piedra)
Sin querer queriendo
me hallé en otra dimensión,
entonces crucé un otro espejo,
asumí mi virtualidad,
la inexistencia del cuerpo
y una monstruosa nada.
La nada tiene algo bajo el poncho:
alguna idea que se esfumó,
otras antorchas, un atado de cochayuyos,
la perspectiva de un amor total,
cuestiones infísicas,
otras tantas delicias
como el amor animal
como el pensamiento salvaje.
Cuando me han quitado mi suelo
hasta los luceros me han desilusionado…
Las estrellas ya no existen,
titilan cuando ya no están,
como las ideas
como las luciérnagas
como las noctilucas
o las ánimas de mis muertos
que ya quisiera existieran por mí.
Cuando ya no me canta la Tierra
hasta el Cosmos me ha abandonado…
¿Hay algún colmo del Cosmos?
que nos carcome el meollo,
que nos metafisíca
que nos matematíca
que es una nanometríca
que como todas las escalas
de las no sé cuáles peldaños.
¿Asuntos de ostras o de astros?
Un Cosmos de cosmos tal vez,
cuya posible existencia
lo nomino Yoamo..
Ya no soy Ser Humano
ni me canta la Madre Tierra
y seguiré depredador
apenas ahueque alas
más allá de la Luna.
Ya no me vive la Tierra
esa esferita azul,
algo brillante que ya fue.
No todo lo que brilla es miel.
Quisiera trascender la noche y el día,
la condición sempiterna
de lo oscuro y la luz,
que nos impuso el Sol u otros dioses.
Desde que tengo neones o por último velas,
alargo el día, engaño a la noche.
No quiero dormir,
no quiero soñar,
pues ya no quiero
ser humano.
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