domingo, 10 de mayo de 2026

INSOMNIOS (A mi ex Tribu) Quisiera trascender la noche y el día, la condición sempiterna de lo oscuro y la luz que nos impuso el Sol u otros Dioses. Encendí antorchas, incontables velas para alargar el día y engañar la noche. Cuando era cazador nos regía el comienzo de la caza o el ataque al alba de los monos al maizal que salíamos somnolientos apalear. Nos despertaban los críos con hambre y en el ocaso diario de nuestro Sol al calor de efímeros lares, las matriarcas censuraban la noche. Ahora, los pájaros citadinos confunden a los faroles con el Sol. ¿Cuantos insomnios escuché cantar a pájaros peregrinos, a zorzales sedentarios creyendo que llegó El Día? La noche, el día, nuestro tempo vegetal, animal o pétreo hasta el espacio, los ríos, los mares, son una fronteriza movediza que ni los vientos controlan. Y nuestros sentidos, palabras, y hasta las piedras rodantes o domesticadas en los templos fenecen por alguna creencia. En este mío insomnio heme intemporal, o quizás, ya no me drama la Tierra, con sus ciclos inmutables, variables o establecidos y su majadero eterno retorno. A veces, por una rendija de lo insomnio creí descubrir un otro Universo. Pero allí me guiñaron las mismas estrellas, me soñaron los mismos sueños que nos inquietaron cuando controlamos el fuego. o cuando clanes enemigos nos impedían dormir. Los insomnios son provocados por guerras, hambre, pestes, amores frustrados y otros sufrimientos de perra. Mas, por la rendija de un sin dormir a veces me sonó otra música: vi dunas azules, espirales dorados, engullí palabras con merkén, soñé que ganamos batallas, me amaron palabras sin ciclos que nos enjaulen. Quisiera trascender los ciclos y la fuerza de gravedad, en que nos vive el Cosmos, o que nos impuso Newton. (su EUREKA de la manzana nos dejó clavados como espantapájaros en la madre Tierra, respetando leyes como cualquier bicho, bosque o piedra) Sin querer queriendo me hallé en otra dimensión, entonces crucé un otro espejo, asumí mi virtualidad, la inexistencia del cuerpo y una monstruosa nada. La nada tiene algo bajo el poncho: alguna idea que se esfumó, otras antorchas, un atado de cochayuyos, la perspectiva de un amor total, cuestiones infísicas, otras tantas delicias como el amor animal como el pensamiento salvaje. Cuando me han quitado mi suelo hasta los luceros me han desilusionado… Las estrellas ya no existen, titilan cuando ya no están, como las ideas como las luciérnagas como las noctilucas o las ánimas de mis muertos que ya quisiera existieran por mí. Cuando ya no me canta la Tierra hasta el Cosmos me ha abandonado… ¿Hay algún colmo del Cosmos? que nos carcome el meollo, que nos metafisíca que nos matematíca que es una nanometríca que como todas las escalas de las no sé cuáles peldaños. ¿Asuntos de ostras o de astros? Un Cosmos de cosmos tal vez, cuya posible existencia lo nomino Yoamo.. Ya no soy Ser Humano ni me canta la Madre Tierra y seguiré depredador apenas ahueque alas más allá de la Luna. Ya no me vive la Tierra esa esferita azul, algo brillante que ya fue. No todo lo que brilla es miel. Quisiera trascender la noche y el día, la condición sempiterna de lo oscuro y la luz, que nos impuso el Sol u otros dioses. Desde que tengo neones o por último velas, alargo el día, engaño a la noche. No quiero dormir, no quiero soñar, pues ya no quiero ser humano.

miércoles, 22 de junio de 2016

DIASPORISMOS

(Paris 1985) Hablar de la actual poesía chilena es decir algo de la poesía en general pues lo chileno, árabe, sudafricano o cualquier identidad cultural o nacional, es solo un instante del poeta. En general la conciencia nacional se ha dado en un período de liberación, a sido reacción al colonialismo, a la ocupación, a una situación revolucionaria o regresiva. Chile ha pasado por casi todos estos períodos. "Lo nacional" generalmente es una causa utilizada oportunistamente por un amplio espectro político. Hay que remarcar que la identidad nacional en nuestro país es más precoz que en otras naciones adolescentes. Nuestra nacional tradición poética, es una de las más importantes de América. El poema épico "La Araucana", el romancero oral que dejaron los conquistadores y que fue desarrollado (y ahora extinguido), una rica lira popular (que habría que recuperar), una historia poética avisada de las vanguardias del siglo 19 hasta llegar al modernismo, ya más independiente e hispanoamericano, demuestran que la poesía chilena es una presencia real e importante. Pero el proceso de identidad o diferencia no excluye en ninguna poesía nacional, influencias exteriores, el intercambio continuo: Neruda descubre muy joven a Tagore y hasta lo plagia, dicen las malas lenguas. Los surrealistas chilenos se carteaban con Breton; Nicanor Parra influencia a los beakniks, o al verres, no sé cómo. Juan Emar se infiltró fácilmente, como Huidobro, en la vanguardia francesa. Entonces lo nacional es solo parte en el proceso de los poetas: el localismo en la poesía lárica de Jorge Teillier o en los poemas de Pablo de Rocka son solo aparentes. De hecho, Teillier es uno de los poetas más traducibles de Chile. Muy “larico” será, pero es universal. Es cierto que existe un fenómeno poético en Chile, la poesía aquí tiene prestigio, levantas una piedra y encuentras un poeta, o levantas una piedra y allí otro poeta. Entonces nos inunda una visión de conjunto. Todo empeño antalogador es antojadizo, es un muestreo de los más mentados y cuando más, una identificación entre cómplices que una serie de encuentros, revistas, talleres, antologías, capillas académicas y de criticocracias. Estas lecturas no logran más que afirmar el carácter endogámico a la vez que disperso de la poesía y de los poetas. Existen algunos intentos serios y muchísimos muy menores, de registrar la producción poética chilena, con referencias obligadas a no más de cinco "clásicos", (dos nóveles) que llegan forzadamente a las voces de los años 6O, que el poeta Waldo Rojas denomina,"promoción emergente", definición ambigua pero que ya liquida el clásico esquema generacional. La "Promocion emergente", apartir de los 60-70, con ya algunos Premios Nacionales, alcanza a ser leída, escuchada y antologada un poco antes de la caída de la Unidad Popular. Esta última debacle implica un silencio momentáneo de los poetas y una posterior emergencia extraordinaria a todo nivel, que niega subterráneamente lo que se llamó en un instante "el apagón cultural", idiotez que se le ocurrió a algún apagado. Los poetas de oficio, se vieron sumergidos por coros de poetas circunstanciales. Se produjo una confusión de criterios tal, que se demoró mucho en limpiarse la paja del trigo, tanto en la producción de la diáspora como en el "exilio interior". Es a partir del 73, con un climax de represión, de censura y autocensura, que se confunden "promociones" en que la causa de la poesía es más importante que la ruptura poética entre una promoción y otra. La poesía fue resistencia por su mera existencia, no solo la poesía declamatoria y circunstancial, sino TODA la poesía. Humildes revistas publican a cientos de poetas no solamente chilenos. Más allá de ese contexto político, el más oscuro de la historia chilena, creo que existe la cuestión que, con toda esta tradición poética tremenda, los aspirantes a vates tienen que continuar, aportar o romper con la tradición. La poesía no se refuta como la ciencia o la filosofia. Pero igual, los parracidios o pablocidios que acontezcan, tienen el techo (cielo) poético de los viejos, muy alto. Más allá de un edipo o anti-edipo poético, los vatecitos de este nuevo siglo, igual si son ignorantes, tienen sobrecarga de referencias, tenemos, pues vivimos en una revolución de las comunicaciones y de trememundas referencias no literarias. A pesar del encadenamiento de "promociones" a partir de los 7O, de la precaria lectura y crítica de poesía en un país de poetas, ya se sospechan rupturas: más allá del sacrosanto historicismo, de lecturas comparativas, de respeto o no a la tradición, es indudable la identificación de obras que se desmarcan del lote. La continuidad de la “poesía chilena” pasa a ser mera convención que acomoda a los antologadores. Una otra lectura tendría que tomar en cuenta los nuevos emergentes culturales o al menos, estar al tanto de la revolución continua que se da en las ciencias sociales, en las ciencias y tecnología, y fundamentalmente en lo audio visual y en la música. Las influencias extra-literarias predominan también en Chile, quizás a partir del vuelo de Gagarin y con la revolución de los nuevos "medias". La sola novedad con respecto a los poetas anteriores, es un cosmopolitismo generalizado en los jóvenes: ya todos salieron de la provincia por diáspora violenta o por conexion con la "aldea global" desde nuestros barrios reprimidos. A excepción de Neruda, Mistral, Huidobro, Juan Emar, otros pocos, los poetas chilenos no han sido cosmopolitas. Neftalí Reyes, fue toda su vida un sureño y su primer gesto extraterritorial, fue la de elegir el nombre checoslovaco de Neruda. "Quien salió de su tierra sin saber el hondor de su aventura, al desplegar las alas, el mismo no sabía que vuelo era su vuelo" V. Huidobro Breton cita eso de "dime con quien andas y te diré quién eres" Sacar cuentas de con quien ando para saber de quien soy es difícil, cuando mi "promoción" poética se dispersó por el mundo y esta condición es solo el común denominador de algunos poetas: la situación de diáspora. Están en dispersión incluso los que están encerrados: un contexto histórico crítico, represiones, exilio, situaciones límites, causan la expansión, la diáspora física y mental, por lo tanto la dispersión de la escritura. O quizás el retorno al barrio, a alguna territorialidad, a una identidad lingüística otra, que igual ya es cosmopolita, global. Mi objetividad, basada en OTRAS experiencias es coja, en realidad estoy en un proceso subobjetivo. Después de la llamada "promoción emergente" de los 7O, podríamos inventar la "Promoción dispersa" de los 8O, la "promoción retornista" de los 9O etc., con una serie de argumentaciones que agregarían mas paja a lo que en el fondo es un seudo ordenamiento gregario contrario a una experiencia poética que fue siempre individualista. "Los dispersos" pasan a ser cosmopolitas dolorosamente. La confrontación con otros códigos culturales obligan en algún momento a una territorialidad (recuperación de lo nacional o barrial) o a una extraterritorialidad que no significa asimilación. Escribir en español en Francia o Suecia es un doble exilio. El lector o público natural es un getto o está lejos, pero esta cuestión, bien problemática para el poeta pasa a ser secundaria e incluso más, es un estímulo para asumir una soledad necesaria. El "doble exilio", en el punto de un hilado fino, en su más rigurosa poética, obliga a una revisión interior, rompe los esquemas de los años sesenta, del izquierdismo vulgar, (cuya inercia dura los 70, los 80 y hasta hoy). La consecuencia es una reivindicación del sujeto (no el vulgar yoismo). Lo subjetivo ya no es hereje o reaccionario, es incluso la psicoterapia contra el colectivismo decadente. La dialéctica del "diaspórico", si aún es dialéctico, pasa a ser un foquismo, guerrilla interior, continuo y desesperado, en que el medio escritura (poética), es el fin: El proceso es el mensaje. O si existe un objetivo meramente anti-metafisico, este, de todas maneras es alegórico, simbólico. Finalmente lo que te dije, es el punto de apoyo de un universo bricoleáo, o de un universo mutado, que se inventa, y nunca, de un universo nuevo. Esta es la desesperación del poeta, descubrir en la experiencia de la diáspora más bien interior, que el mundo nuevo no existe, que quizás haya que inventarlo en las condiciones absurdas de la dispersión post-debacle. El problema de la traducción pasa a ser otro factor importante en este proceso. Todos estos elementos de la dispersión cambian las condiciones del proceso poético y tienen que cambiar las convenciones críticas y de análisis: Desaparecen las referencias nacionales o hispanoamericanas, la identidad poética es ambigua: reitero, un poema palestino podría ser un texto chileno. Un nuevo extraterritorial quedara en una antología por casualidad, porque llego un libro de él publicado en Francia o en Suecia. Quienes son o no son representativos de la última poesía chilena es un asunto meramente azaroso. En la diáspora y en el "exilio interior" existe de todas maneras una suerte de correo endogámico en que diferentes fans, editores, críticos, o poetas emprendedores, se comunican sus publicaciones y textos. Lo esencial es dar señales de vida. Contra la dispersión están los empeños convocatorios y pequeños territorios literarios: Aquí creo que la mejor consecuencia de la dispersión son ciertas obras concebidas como un Todo. Nadie niega el carácter de hito histórico del aplastamiento de la Unidad Popular en 1973. No existe un solo habitante en ese flaco país que no haya sufrido consecuencias. La poesía después de siempre ha estado marcada por convulsiones. Pero existen poetas marcados por un hito otro que una convulsión social, incluso en Chile o Sudáfrica, y estas excepciones en vez de confirmar la regla, salvarán a la poesía de análisis fáciles. Aunque en Chile hubo un triste hito que va a determinar de una u otra forma las lecturas sacadoras de cuentas, la apreciación de la poesía es de un más amplio espectro, más cuando negamos una tendencia en la poesía actual chilena, como la negamos en la poesía en general. Solo es evidente la convivencia circunstancial de soledades. A la espera vana de más lectores, la poesía debe asumir su soledad, que al fin de cuentas la confirma como la más libre de las expresiones, en un instante de "hoyo negro" del arte en general, industria cultural que le llaman. La poesía tiende a desaparecer dice Paul Celan. Los poetas ya son esos "hombres libros" de "Farenheigh 451", la última resistencia ante "Big Brother". La deshumanización por los emergentes tecnológicos, la neutralización del individuo por una cultura envasada han sido impuestas hasta en la ultima aldea del mundo: la poesía es la última conciencia de "la Galaxia Guttemberg" que se ya se autodestruye. Y esto en Francia, en Sudáfrica o en la quebrada del ají.

jueves, 12 de marzo de 2015

PODÉTICA POLÍTICA ( A la manera de Roque Dalton, Bertolt Brecht , Bruno Vidal y otros camaradas, sola mente qe menos loca l.) 1 “La corrupción* es intrínseca al capitalismo. Sin corrupción no existiría el capitalismo”. (Vate Verde) El Neoliberarismo versus Socialdemocracia, ambas tendencias globales: ¡obsoletas!, como la antipoesía, como Nicanorcracia local, como las máquinas de escribir, como lo fax, los automóviles, el ritual matrimonial, ¡obsoletos! Como mi teclado, o mi pipa al agua, los ascensores, los huasos, el pachulí, lo repoblicano, lo güashaca, lo New Age, colectivos de mercancía espiritual, o ventas de si mismo, con recetas idiotas de emprendimiento, liderazgo, en fín: ¡OBSOLETOS! II Y esos que te dije, los innombrables, ya saben que ni controlan el mundo porque transigen con las multiterritoriales (excepto la Nicanorcracia) Se bajan los pantalones los diseñadores del neo exclavismo, esos corruptos very sofisticados, los vampiros de la Humanidad, que necesitan guerras, mucha sangre, para perennizarse gota a gota. III ¿ Qeaser?, dixit Lenin (también obsoleto) “Quizás ya germina una Utopía Realizable, entre la chusma del orbe…” (colectivo Hasta la Coronilla) EPI LOGOS De las múltiples versiones de historias, de la HISTORIA, de nuestra Humanidad, sin duda existen varias, o alguna, que se repiten (e), en estos precisos momentum. (Conclusión del Colectivo Comité de Ancianos) Notas: • Del concepto corrupción, según la RAE, elijo esta: 4. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. • Traducción de mi subojetividad: (connotación 7ª): Corrupción: en colectivos de familias, clanes, sectas, religiones, partidos políticos, Asociación de escritores, TELETON, Hogar de Cristo, Club de Polo, etc., si sus gestores gestan para sí mismos: CORRUPCION.

lunes, 9 de febrero de 2015

"Entrevista a Gustavo Mujica" Nota: una estudiante francesa de literatura, interesada en revistas del exilio chileno para una tesis, me entrevistó, de parte del Museo de la Memoria. La actual académica, que lastimosamente su nombre se me traspapeló, me envió esta "Entrevista a Gustavo Mujica", sin que yo le corrigiera ni una coma. La descubrí, por cazuela, entre mis archivos. Por su carácter de "petit histoire", y para recordarme como posible antecedente de "Anécdotas de un Bricoleur", mío proyecto escritural obsesivo, "lentejamente" en proceso, publico esta cartesiana entrevista, en la cual evidentemente la tesista se centra en su tesis. "Este documento transcribe una entrevista a Gustavo Mujica realizada en su departamento en Santiago de Chile el 24 de Mayo de 2011. Presentación del entrevistado Gustavo Mujica, poeta y editor, estudió diseño industrial pero ejerció poco este oficio. Salió de manera voluntaria, seis meses antes del golpe de estado del 11 de septiembre, evadiéndose del clima de tensión omnipresente: “preví el golpe”. (¿Quien no?, nota del entrevistado) Se fue a España, luego a Francia, desde donde se enteró (sin sorpresa, Nota del entrevistado) del derrocamiento de Salvador Allende. Allí trabajó como recepcionista nocturno de un hotel, como pintor de brocha gorda, bricoleur, y carpintero para intelectuales franceses. Era de moda, en los movimientos progresistas, “tener un chileno protegido”. Se benefició del apoyo y respaldo de varios franceses del medio intelectual. Cuando estuvo sin trabajo, con subsidio de cesantía, se dedicó a ser imprentero de la comunidad latinoamericana en París, y a la edición de libros. Publicó especialmente poesía de sus pares, siempre ilustrada por artistas chilenos, con una imprentita que le regaló su ex jefe de una agencia de viajes que quebró. Creó Ediciones GrilloM, se dedicó y dirigió la revista Canto Libre. No tenía prohibición de ingreso a Chile, y pudo entrar al país dos veces durante sus 20 años de exilio, a presentar sus publicaciones en París. Retornó a Chile después de la vuelta a la democracia, con la elección de Aylwin. El país de acogida se elegía por circunstancias. Si uno tenía contactos que podían facilitar el traslado por ejemplo.(Esto no lo dije, Nota del entrevistado) Las redes de la diáspora cultural se constituían en torno a eventos como las ESIN, donde llegaban escritores, poetas, intelectuales de todos lados, autores ya conocidos y jóvenes emergentes inéditos. Así, los nexos entre exiliados chilenos no se limitaban a una ciudad ni a un país; había contactos al nivel de Europa, y más allá. En eso, las revistas culturales tuvieron un papel relevante: permitían ubicarse, conocer, saber lo que hacían, donde estaban sus pares. Una cosa “medio endogámica” decía Gustavo Mujica, “unirse porque éramos todos chilenos”. El término “literatura del exilio” es controversial porque muy amplio: abarca temas, formas de expresión distintas. Hubo por ejemplo literatura testimonial, cuya narrativa era más posible de publicarla evidentemente en el exterior. Lo que fue literalmente la literatura de las vivencias del exilio, representa solo algo del quehacer cultural de los escritores expatriados. Una de las principales motivaciones de esa creación, más allá del exilio, fue la necesidad de una resistencia cultural, la voluntad de mantenerse vigente, de participar en la lucha de Chile en contra de la dictadura. El impacto del golpe de estado fue muy fuerte entre los intelectuales europeos, casi todos ex 68, quienes vieron en la Unidad Popular la posibilidad de una vía democrática hacia el socialismo. Por eso la solidaridad a los exilados fue inmediata. Se dio acogida a intelectuales, políticos, artistas chilenos, también por curiosidad e interés por la experiencia histórica que fue la UP y su brutal fracaso. Por otro lado, la influencia europea en el quehacer cultural y el pensamiento político de los exiliados fue significativa: a nivel político, varios dirigentes izquierdistas se volvieron socialdemócratas. Gustavo Mujica prefiere hablar de diáspora más que del exilio, un concepto que expresa esa “dispersión por el mundo”, y que permite, en cuanto a la cultura, hacer un paralelo con la diáspora judía, en la medida en que el destierro y el encuentro con otras realidades incentivan la creación y la preocupación por el tema de la identidad. Por ejemplo, en París, crearon un diccionario de los garabatos chilenos, el “Glosario del amor chileno”, libro actualmente con tres ediciones, “corregidas y aumentadas”, que considera las “malas palabras”, como patrimonio nacional. Para Gustavo, el período europeo fue “iniciático”, ya que le permitió encontrarse con intelectuales “peso-pesados”: normalianos franceses, el poeta Jean Tardieu, con el “último surrealista”, el poeta judío-rumano-francés Yerasin Luca, con los poetas Beaniks norteamericanos, como Ferlinguetti, o latinoamericanos como Julio Cortazar, etc. “Los chilenos teníamos un lobby tremendo”, es decir existían redes de personas importantes, con poder, intelectuales, artistas de prestigio, que colaboraban y apoyaban la causa de la “resistencia chilena”. La curiosidad de unos por otros era en los dos sentidos: “Raúl Ruiz decía que llegó a Francia y observó a los europeos con ojo chilote”. “antropología a la inversa” Hubo muchas revistas, la mayoría duraba no más de tres números. O se creaban publicaciones como registro de recitales, congresos y encuentros. Además hubo varios centros culturales latinoamericanos financiados por la solidaridad europea que publicaron folletos, boletines, periódicos (de manera irregular o temporal). Gran parte de esos numerosos centros que existían en Europa estaban integrados y dirigidos por chilenos. La causa chilena era la punta de la lanza de la causa latinoamericana, porque el exilio chileno tenía más impacto por su contingencia y organización, lo que permitía impulsar movimientos solidarios más amplios. Revista Fosa Común: tres números (no más de treinta ejemplares cada vez). La búsqueda de la identidad fue un tema central en la producción político-cultural del exilio. Esa preocupación por “quiénes somos”, “qué es ser chileno”, significó mucho en el contexto del destierro. Los movimientos de la solidaridad internacional se impulsaban mayormente desde instancias políticas. El objetivo siempre era hacer llegar plata a Chile, a las redes de oposición interior, a través contactos clandestinos del “interior” y “exterior” Gustavo había tenido desde el golpe, la idea de hacer una revista político-cultural, pero faltaba la infraestructura para acogerla. Por otro lado, el Partido Comunista de Chile constituía la institución del exilio más organizada, y dentro de ella, las Juventudes Comunistas tenían una revista cultural, Canto Libre, pero según Gustavo, que era “muy mala”. Él les ofreció encargarse de la edición, y le dieron la dirección, con el objetivo de “tirarla para arriba”. Canto Libre se difundía por toda Europa y llegaba a Chile, circulando en las redes de la oposición y de la militancia del PC. Era una publicación alternativa muy vinculada a la Nueva Canción, movimiento musical muy vinculado a la Unidad Popular. Gustavo Mujica, sin ser militante, pertenecía a la Comisión de Cultura del exterior de las Juventudes Comunistas (JJCC), y dirigía Canto Libre. Se alejó del PC, y renunció a ser director de Canto libre, a principios de los años 80, después de la intervención militar soviética en Checoslovaquia, apoyada por el PC chileno. La publicación se realizó gracias al apoyo solidario del sindicato francés de Correos y Telégrafos, quienes imprimían la revista. Muchos intelectuales y artistas chilenos en Europa participaron en la revista, cuyo principal objetivo era recuperar y mantener “nuestra identidad”, como resistencia político-cultural. Estaba dirigida especialmente a un público juvenil “diaspórico”."

martes, 26 de agosto de 2014

El niño del Metro (de Anécdotas de un bricoleur)

Al “Lágrima de Cocodrilo” me lo encuentro en el Boulevar Saint Michel, al ladito de la pileta, frente al Sena. A Ariel lo motejaron así la camarilla autodenominada “Comité Gracias a la Junta que he viajado tanto”. Ni les digo quienes conformaban esta sarcástica camarilla de artistas chilenos, todos ahora “consagrados”. Él andaba buquineando, escarbando libros de ocasión en los stand en las orillas del Sena, en el centro de París, ese territorio que nunca ha superado la nostalgia sesentaiochiana. Ariel Dorfman ya lo logró como escritor de exportación, lo que le valió ser estigmatizado como un “profesional de las becas” en El Mercurio por Jorge Edwards. No sé porque ciertos autores y artistas se “pisan la manguera entre bomberos”(dixit Raúl Ruiz) Dorfman me transmite de un tal “Comité Defensa de la Cultura”, del que evidentemente yo pasaba a formar parte en ese preciso y precioso instante. El inaugural Comité se reunía próximamente con intelectuales franceses, para analizar un qué hacer. Respecto a Pinochet, evidentemente. Para que sepan, dicho Comité y su patudo nombre, era una copia de la experiencia anti-fascista que inventó André Malraux durante la guerra civil española. El anzuelo del evento, para los intelectuales latinoamericanos y franceses solidarios, era la asistencia de Julio Cortazar, el nexo natural, en tanto que escritor más parisino que argentino. El prestigio de Cortazar, suerte de Pater Familia de la colonia exilada en Francia, le daba relevancia y glamour al encuentro. Yo andaba con “caña”, “ángel en mal estado” (dixit Roque Dalton), aterrizando de una juerga, celebración del logro de haber terminado la pintura brocha gorda de un departamento en el barrio judío de Le Marais. Tal vez me sentí importante por esa invitación de Dorfman, entonces registré el asunto en mi meollo, aún con una resaca incómoda. Me cegaba el sol primaveral parisino. Confieso que fui al Encuentro con el objetivo de pasarle un libro artesanal a Cortazar. El libro “Deatráspicaelindio”, ilustrado por los pintores Germán Arestizábal, Sotelo y Irene Domínguez, es una suerte de collage o antología poética, a partir de nuestras nostalgias de exilados. En principio fue un encargo de amigos franceses que nos pidieron “un paisaje poético de Chile”. Seguramente nos demoramos mucho en este encargo, posiblemente financiado, pero los intentos de traducirlo fueron imposibles. Igual, como nos adelantaron una cosita poca de adelanto, con el pintor Arestizabal seguimos de largo, y este caro empeño finalmente logré imprimirlo en un mimeógrafo que compré por mil francos a unos anarquistas de La Villette, periferia proletaria de París. Hice a mano siete ejemplares como acordeón, es decir pegando las hojas una a una por sus bordes, con scoch. Pues en ese mimeógrafo, no me atreví a imprimir tiro-retiro. Quedó como ciertos libros chinos, pero evidentemente muy artesa. Al menos uno de estos ejemplares llegó a Cortazar, otro a Yerashin Luca, poeta de miedo, el último surrealista, que consideré mi maestro. Ese libro acordeón lo agarró mi cumpa actoraso Sergio Hernández, y otro fue destinado a Raúl Ruiz, en los instante que filmaba “Diálogo de exilados”. Tengo un ejemplar, que me he negado a reeditar pues lo encuentro horroroso, aún cuando fue mi segunda poética colectiva, y en una de pocas reseñas, del académico X, en una publicación en Venezuela, lo pone al lado de la “Nueva Novela”, de Juan Luis Martínez, en el sentido de obra intertextual, en donde la autoría es ambigua, la poética es simplemente una combinatoria de citas. Asistir a esa reunión que les dije, además tenía como objetivo de pedirle a Cortazar un texto inédito para una revista que se cogitaba en esa época. El poeta Lawrence Ferlinguetti, que en unas copas y pitos por el barrio Le Halles, me había nombrado editor en español de una revista trilingue de su mentada editorial, City Lights Booksellers & Publishers, iniciativa cosmopolita de los Beatnik, o generación Beat, que Ferlinguetti quería expandir desde París. Solamente tenía que lograr, conseguir un inédito del Gran Cronopio. La editorial de los beatnik´s lo quería. Así como ellos le dieron pelota a Nica Parra, quizás por ser traducible al inglés, por lo pop de sus versos. En fin, tenía dos pretextos para asistir al Encuentro franco-latinoamericano. Los dos objetivos apuntaban a Cortazar. No recuerdo exactamente el lugar del Encuentro, creo que era cerca de la Place d’Italie. Llegué un poco tarde, salvándome de unos cuantos discursos. El Pater Cronopio, muy sobresaliente por su porte acromegálico, estaba inabordable, evidentemente incómodo, rodeado de unos seis personajes. Recuerdo dos señoras gordas por lo gordas. Todos le hablaban al mismo tiempo. Al acecho pensé, esto es idiota, mejor llamo a un Cronopio amigo, muy cercano de Cortazar, le pido el teléfono privado de mi admirado patafísico, lo arrivo privadamente y ya. Pero, como fans tozudo, seguí al acecho sapeando el momento preciso de entregarle nuestro sacrificado libro lo más discretamente posible. Para que les digo, me creí un “correo” de alguna novela de John Le Carré, que tuviera que si o que sí, entregar una información clave para ganar la guerra. Entonces, en un segundo clave en que se produjo una brecha, por causa de una exquisita francesa que repartía vino, los sedientos intelectuales franceses y latinoamericanos deshicieron la cortina de hierro. Cortazar con cara de alivio, se ve un segundo solo. Allí lo abordé, aplicando la técnica del “hombre transparente”, que consiste en confundirse con los muebles o el entorno cósico, ser nadie. Me acerqué como un felino opaco borgiano. Ciertamente le dije atropelladamente alguna idiotez. Me miró a los ojos, e imagino ahora que captó a un petit Cronopio. Yo estaba más conciente de su dolor personal, que del Encuentro Inaugural del Comité de Defensa de la Cultura. Alcancé a entregarle el libro “Deatráspicaelindio”. Lo empezaron a rodear de nuevo. Un profesor narigón argentino me pega un codazo en las costillas para desplazarme. Me replegué de la manada políticamente correcta. Me retiré del lugar como vine, como el “hombre transparente”. Aparte del poeta Waldo Rojas, que me encantó que llegara con su famoso quiltro chileno, el “Chuma”, exportado a Francia. Aparte de ser cómplices tácitos, chocamos nuestras copas, no vi a nadie que me interesara ni se interesara en mí. No había Cronopios, quizás alguno debajo de una mesa u otro escondido en un jarrón. Había solo ex Cronopios mutados en Famas. No los juzgo. El crepúsculo de ese circo me obligó retirarme adelantado. Me demoré en descubrir el Metro. Había cumplido mi objetivo a medias. Se me había olvidado, o no me había atrevido, a pedirle a Julio Cortazar un poema inédito para el proyecto de revista trilingue de City Ligh, del chivo Ferlinguetti. Bajé al Metro. En eso craneé trampear, confieso, ofrecerle a Ferlinguetti una traducción que tenía bajo el poncho de un poema aleatorio de Cortazar, ya editado, apostando que el poeta gringo no lo conociera. Yo estaba informado que el Gran Cronopio detestaba su intentos poéticos, como varios narradores cototudos. ¿A quién no le vacilaría la posibilidad de ser el editor sudaca de City Ligh en París? Ya en el andén, un silencio sepulcral me interrumpió. No era tan tarde, estaba anocheciendo arriba. El Metro no tenía ruido. El subterráneo estaba vacío. Asunto raro para un idiota día creo que lunes. A esta hora crepuscular es normal que nuestra raza himenóptera se apresure por los subterráneos con un movimiento perenne y un civismo gris. Ahora no existía vida en el Metro. O quizás en esta estación no subían los asalariados. Me abrazó un frío. Andaba con mis anteojos para lejos, que no necesito para el computador. Entonces en el Metro absolutamente silencioso y vacío, atisbo otra persona a unos treinta metros. Con el instinto atávico de los pájaros, me acerco a mi semejante. Somos los solos dos únicos seres humanos en este Metro subrrealista, esperando que llegaran los carros. A medida que me acerco a la silueta, enfoco un abrigo largo, a un tipo corpulento. Naturalmente me mira. Era Julio Cortazar. Recuerdo que saqué cuentas. ¿Cómo? Si lo dejé absolutamente sitiado. ¿Cómo se escapó? Soy testigo que lo vi muy requerido. ¿Cómo llegó aquí antes que yo? Me tinca que Che Cortazar tenía previsto escapes, túneles, salidas secretas de otras dimensiones, que le permitían desplazarse por vías patafísicas, arrancarse de compromisos latosos. Seguro que tuvo un secreto que se llevó al Cementerio de Montparnasse. Supuse que me tenía en su entrenada retina hace rato. No me atreví a preguntarle cómo se había escapado de la inauguración del “Comité de Defensa de la Cultura”. Sospecho que también conocía la técnica japonesa del “hombre transparente”, que lo más cercano en el ámbito guerrero o de sobrevivencia, es el camouflage. Tenía mi libro bajo el brazo. Le conté que aquel era un libro colectivo de artistas chilenos. En los minutos de espera del Metro, gentil lo ojeó. Con su ojo clínico se detiene en la página de un poema futbolístico. Ubica perfectamente al Colo Colo. Algo le comento del vicecampeonatismo crónico de los chilenos. En eso llega el Metro. El ruido de sus frenos me tranquiliza. El metro también iba medio vacío. Nos sentamos naturalmente juntos. Me bajó una timidez idiota. Igual le pregunté que le parecía el mentado Comité de Defensa de la Cultura. Me respondió que intentaba después de años que la colonia latinoamericana en París hiciera causa común. En el asiento a la espalda de nosotros iba un niño con su madre. No recuerdo la edad, pero tenía esa molestosa energía de niño y nos interrumpió. Parado en el asiento y pendejeando hacia nosotros, le llegaba exactamente a la altura de la nuca de Cortazar. Seguramente impresionado por su porte, le golpea la espalda como quien golpea una puerta y le pregunta de sopetón, - Qui est tu? El grandullón se da vuelta y con una sonrisa le responde: - Moi?...Je suis Julio. En mi fuero interno me dije, pendejo de mierda. Giro la cabeza buscando la mirada de su madre para que le parara el carro. Ella solo mira al chiquillo y le sonríe a Cortazar. El niño me aguaba el encuentro. Presencié algo así como el siguiente ping-pong, en francés evidentemente: - ¿Qué haces tu? - ¿Yo? Yo soy escritor - ¿Porqué? - Porque me gusta escribir - ¿Porqué? - Porque aprendí a escribir A estas alturas de la entrevista, la madre, típica francesa de suburbio, se cubrió con recato la boca y se rió como una laucha de la patudez de su nene. Se calmó mi emputecimiento por la interrupción del cabro de mierda por la sospecha, después la certeza, de que el niño me representaba, era yo. Hacía preguntas que habría echo si me hubiese atrevido. Coincidimos bajándonos con Julio Cortazar en la estación Chatelet. Como volviendo a la dimensión de la realidad real, los subterráneos de esta estación neurálgica tenían un tránsito normal de ciudadanos(as) grises volviendo a casa, un par de vietnamitas tocando violín, una diosa barroca que pasa soplada en patines. Me despedí del escritor. Grabé en mi meollo, el “hasta siempre” que me dijo.

domingo, 23 de febrero de 2014

Basura Hubo en los ochenta, unos sociólogos franceses que analizaron basuras. Recogían, clasificaban y analizaban basuras de algunos grupos objetivos de su interés. Aplicaban a su manera la papa del estructuralismo. Me hizo sentido, porque, como “medio pollo” (reemplazante) en período de vacaciones de un concierge español, controlé la basura de un edificio burgués, a la orilla derecha del Sena en París. Tres días a la semana, una de mis funciones era botar la basura de mi edificio. Es decir, arrastrar a la calle dos basureros de plástico negro, de unos doscientos litros de capacidad. Al botar dicha basura, me di cuenta que el dueño del edificio, a ese que le llegaba el ascensor directamente a su último piso, recibía varios diarios y revistas, como Le Figaro, Le Monde, L’Express y ene publicaciones. Quizás era un accionista o un avisador importante de aquella prensa. Y este personaje poderoso, dueño del edificio, botaba sin leer, sin ni siquiera sacarle la etiqueta, a esos diarios y revistas enrollados. Toda esta información iba a dar a la basura, virgen, inmaculada, no leída ni trajinada. Entonces yo estaba muy informado de lo que pasaba en el mundo, desde el punto de vista de esa prensa. Una dama del cuarto piso, botó aparatos para adelgazar, sin uso, apenas desenvueltos, seguramente porque no entendió las instrucciones. Nadie entiende las instrucciones para usar aparatos vendidos por correo o ahora, venta electrónica. Son los típicos artilugios que se enchufan y vibran. En fin, al menos la basura parisina me informó alguna cosilla antropológica de ciertos parisinos, y posiblemente de algo global. Es más, me ofrecieron trabajo para armar estos aparatos adelgazadores. Oportunidad de trabajo que rechacé, pues allí yo fracasaría, ya que nunca logré el ritmo de una cadena Tayloriana. Tiempo después leí que un estudiante newyorkino escarbó las basuras de Bob Dylan y, EUREKA, rescató alguna canción desechada y descubrió que al cantautor le gustan mucho las pizzas. Se me pasó por el meollo, con mi pequeña experiencia de analista de basuras, ¿quiénes serían interesantes de revisarles sus deshechos en Chile?, Que valga la pena, me dije. Como para sacar conclusiones sociológicas cochinas evidentes o descubrir alguna joyita esperanzadora…

martes, 3 de diciembre de 2013

Santos bebedores 1 La amistad de los alcohólicos es más que la amistad. Valga esta afirmación borracha para empezar. Lo puedo demostrar, no solo con anécdotas personales. La solidaridad de los etílicos es emocionante. Los santos bebedores son capaces de compartir la última gota de vida, de alguna botella desesperadamente vacía. Igual, los más desmedidos se trampean entre ellos. Aunque dicha chuecura está prevista en nuestra complicidad. Pero existe equidad en el compartir copas entre los precarios, me refiero a cuando andamos corto de billete. Y pasa, me ha ocurrido, un bohemio recién conocido, me ha dado dinero, no necesariamente para seguir libando con él. Aún no he logrado hacer la misma buena acción, con otro etílico, amigo o no. Me debo esto, darle plata a alguien, a pito de nada. 2 Tengo registrado en mi meollo inexacto a los curaditos parisinos, esa cultura etílica cosmopolita, que son una institución, cuyo eje territorial es el Sena, o algunas estaciones del Metro, las más laberínticas. Esos simpáticos o insorpotables clochart, que Henry Miller se creyó uno de ellos. Se definen a si mismos como gente malhereuse, infeliz. Lo sé, pues varias veces conversé con algunos. Mis infelices viven en la calle y en galerías subterráneas, al margen de la realidad programada. Esta comunidad ya universal, poco estudiada sociológica o antropológicamente, excepto en indicadores idiotas de vagabundaje o de extrema pobreza, son más complejos. Al menos en París, entre ellos hay filósofos, poetas, aristócratas, ex abogados, ex gerentes, y varios ex guerreros colonialistas, ex de Argelia, clochard fachos, que tienen motivos de sobra para ser lo que son. Pero allí, entre todos mis desgraciados que les dije, tenemos gente interesante, que si compartes con los susodichos, sin decir agua va, te enseñan de la vida, gratuitamente, a pito de nada. 3 “El Ratón”, clochart parisino, ex aristócrata, por los 80, ya era atracción turística. Por el sector Saint Germain-Saint Michel, corazón del Barrio Latino, él atacaba, sorprendía a turistas incautos, en general mujeres, con una falsa rata, de este porte, mostrándola, sacándola sorpresivamente desde su raído abrigo. Performance gratuita, pues este clochart, no ganaba ni una moneda con su “teatro invisible”. Todo lo contrario, las turistas más avispadas le pegaban carterazos a él y a su falsa rata. Era un sofisticado “Conde Clive”. Supongo que le gustaban las reacciones y carterazos. Creo que a todos los alcohólicos que tienen mujer también. En el Barrio Latino de París, los turistas pajarones eran víctimas aleatorias de esta broma tontista. Solo los habitantes vecinos veían su show callejero como una rutina más del barrio. El show del “El Ratón”, es sin duda, un logro autodidacta del “Teatro Invisible”. De hecho, los flics, pacos, policías, ni se molestaban en pararlo. Era parte del ecosistema turístico, entretenía con su falsa rata. El público eventual se carcajeaba en varios idiomas del susto que causaba a sus víctimas. “El Ratón” del Barrio Latino, según averigüé, era un Gurú de una secta esotérica que reivindica a los ratones. Descubrí entre los libreros de la orilla del Sena, una revista llamada RATUS, seguramente editada por dicha secta. Tuve un ejemplar en mis manos, que lastimosamente perdí, como tantas ideas, por culpa de mi irresponsable borrachera. 4 Ebrio feliz o descontento, he tenido alguna verdad en mis manos, pero se me deshizo en mi cerebro. Solo recuerdo que tuve una idea tremenda que perdí, por otra mejor que también se me fue. Benedix Schönflies (nombre auténtico de Walter Benjamin), escribe en un texto computando a los nihilistas: “en cualquier instante, por esa puerta, puede entrar el Mesías”. Según mi lectura, hilando fino o con lana chilota, interpreto esta cita cabalística como que en cualquier barra, en los típicos conversatorios de bohemios, más de alguna verdad trascendente navega y aflora. Y siempre, o casi siempre, nadie se da cuenta. ¿Quién le hace caso a un curado? Yo escuché a uno iluminado: “el hombre es el SIDA del Universo, que dijo. Otro afirmó categórico: “Hoy, es hoy”. Y son pensamientos que no logro refutar. Creo que un común denominador de los alcohólicos, es ser, aparte de nuestro desorden efímero o crónico, o negatividad con el sistema, es ser así por carencia afectiva, (yo no) por causas perdidas, (yo si), por inconformidad, más que consigo mismo, con la humanidad (yo no). O por mero placer bioquímico (yo si). Evidentemente que el copete produce algo en las neuronas, para bien o para peor. Conozco gente, que cuando se frenan, se ponen idiotas. En fin, estas inexactitudes entre otras, nos marcan como no creíbles. No sé si menos mal: a todos los curados, nadie, o casi nadie, les da pelota ni les hacen caso, excepto, claro, a los borrachines consagrados. Me morí de envidia viendo el show del borrachín literato cochino que hizo Bukowski, o el dandi con tufo Serge Gainsbourg, en la TV francesa. Quizás si alguien nos encuestara a los no consagrados, produjera un focus group entre los etílicos creativos anónimos, ya tendríamos, una “utopía realizable”, la solución para este humanístico caos. A los etílicos famosos los utilizan como payasos. Les soportan sus excentrismos y salidas de guión. De eso viven. Ya sabemos que son putas baratas recuperados por la farándula potomoderna. Ya no tienen nada que decir, aparte de vender su patetismo en la perversa TV. Al menos en Francia. 5 “La ignorancia es atrevida”, me decía mi padre, sarcástico, cada vez que yo adolescente “patudo”, “subido por el chorro”, tiraba un juicio, por si pasaba. Me demoré un poco en entender o interpretar este dicho, aparentemente tontista, que constato cada vez más. Un día, en mi “ignorancia atrevida”, lo vi pasadito de copas y un tanto infeliz. Le tiré: - Papi, ¿no será el alcoholismo una psicopatología filosófica? Como que despertó, y me pidió que desarrollara esa intuición. Él me enseñó que la intuición es conocimiento a priori, es decir, saber el cuatro sin el dos más dos. Entonces le confesé, que en una intoxicación adolescente con pisco, ya vomitando mis tripas, mi meollo estuvo aparte de mi cuerpo enfermo, y solo reflexioné cuestiones existenciales o mayores. Mis vómitos eran alicientes para pensar aceleradamente cuestiones trascendentales. Cuando yo era colegial, mi padre psiquiatra me pilló contrabandeando un destilado para los alcohólicos de su Clínica. Me pagaban con chocolates. Esto determinó cambio de residencia de la familia. Obvio, un psiquiatra no puede vivir en familia con sus pacientes. Y perdí las asesorías de esos cultos caballeros con síndrome de privación, en mis tareas de inglés, francés y matemáticas, nuestros canjes de comics, libros de ciencia-ficción. Perdí a mis partenaires de Dominó, Poker, Canasta y Ajedrez. 6 Después de soportar el funeral de Julio Cortazar (febrero 84) en el cementerio de Montparnase, me retiré emputecido, pues el funeral se lo apropiaron los “Famas”. Los “Cronopios”, los auténticos cómplices del escritor, entre ellos un torero, un controlador de aviones, varios músicos de jazz, un ex boxeador sudaca, escritores menores, y este pecho acongojado, presenciamos discretos, detrasito de unas tumbas vecinas, una farándula de VIP y de pseudos VIP. Esta presencia inevitable de embajadores latinoamericanos, de funcionarios internacionales, de políticos políticamente correstos, se pegaban codazos para estar lo más cerca del ataúd, pues había mucha prensa. A los “Cronopios” nos dio vergüenza ajena. Los “Famas”, se apropian hasta de la muerte. Entonces quise ser crítico de funerales. De esta tristeza, se me arregló un poquito el humor en la noche, cuando fui al Bar-Restaurante “La Rayuela” en la rue Saint Sauveur. Paco, el patrón de nuestra picada, esa noche tuvo el gesto poético de instalar en la mesa que ocupó alguna vez Julio Cortazar: un mantel negro, una rosa roja, una copa de vino y una vela. Los habitues tristes brindaban con la animita de Cortazar. Tuve la osadía de borracho de sentarme en esa mesa, respetando la rosa y la copa de vino. Nadie se atrevió a echarme de la mesa fetiche, y hasta recibí algunas condolencias. Esa noche me comporté como viuda. 7 Jorge Teillier, el manso poeta lárico, me citó frente a la Biblioteca Nacional. La razón de la cita era para que me autorizara a publicar “Trenes que no has de beber…”, libro del pintor Germán Arestizábal, quien ilustró extractos de sus poemas. Ambos eran cómplices, soles lunáticos, más que de sus bares, de sus pertenencias, códigos y musas comunes. Eran, pues el vate se nos fue al lar de los inmortales. Teillier, una suerte de Li Po de la Frontera, le importaba un carajo los derechos de su autoría que le pedía. Ya eran de nuestro común amigo pintor. Solo quería compartir un luminoso día santiaguino. Siguiéndole su cuerda, fuimos a un Bar al lado del cerro Santa Lucía. No entrenado yo, recuerdo que llegué a mi casa arrastrándome, como un culebrón, intoxicado con vodka. Constaté en este “encuentro cercano”, con el fronterizo Teillier, que el copete crónico, no es una enfermedad filosófica ni poética. Ni siquiera una enfermedad. Es saudade abisal. 8 Después de mi retorno de París, pos 93, fui varios años parroquiano & contertulio cautivo del Bar “Insomnio”, allí en Bellavista pasadito Purísima. Allí nos reuníamos varios ex parisinos. Hasta que me peleé con su patrona. Picado, la amenacé que toda mi red de amigos no pisaría más ese lugar. Gente que según mi, aportaba glamour a ese tugurio. Ella se burló de mi pretenciosa amenaza. Pero efectivamente coincidió mi deserción de ex cliente, con la decadencia de mi ex territorio bohemio. Allí, produjimos varias muestras de pintura y lecturas literarias. Todos, o casi todos los convocados en esos eventos, ahora suenan, hasta son famosos, en la fauna endogámica de escritores, artistas, audiovisuales, periodistas, otros varios, de nuestro Chuchunco. No los juzgaré de ser “sacos de huevas”, de traicionar la alternatibilidad. Siguiendo la receta farandulera, insinúo, pero no doy nombres, a no ser que me paguen. Creo que la patrona nunca creyó, que más que por la botella, iba por las tetas y ojos de ella. Después adopté (o me adoptaron en) “El rincón Escondido”, en el callejón Rosales, de mi barrio Lastarria. Allí llegaban algunos viudos de el fenecido Bar “El Biógrafo”, pero los patrones son muy derechistas, por tanto, adopté (o me adoptaron en) su vecino “AntroFino”, donde negocié mis consumos y tuve crédito. Cambió de dueños. Tiene el rebuscado nombre de Hookah Troopa Bar. Fui heredado como cliente, con más ventajas. Allí, a veces vendo libros. La inteligencia de los gestores del copete nocturno, es la misma intuición de un editor o poeta nocturno. A este huevón le creo, o a este nica. En eso consiste el prestigio, exactitud o la inescrupulosa de los bohemios en lista negra. Todos, o casi todos mis contertulios, son exactos con sus cuentas a crédito. 9 Los bohemios de los días viernes, desahogando hiperventilados su enajenación, los escucho, y hasta me ofrecen negocios, en mi Bar, en mi oficina o clínica nocturna. Mi oreja estupenda, quizás les ahorra onerosos psicoanálisis chantas. Me sale onerosamente latoso lograr venderles un libro. Losotros, los bohemios crónicos, felices o desgraciados, según el estado de la luna, inconformistas, naturalmente ácratas y nihilistas, y entre mis pares, algunos anónimos maestros, afirmo que tenemos en el corazón alguna verdad irrefutable, la nostalgia abisal que les dije, alguna sabiduría no rentable, la añoranza de la diosa que se esfumó, como el vino tirado a la tierra, como el logos de vida. 10 Logré darle dinero a un recién conocido en mi barra, sabiendo que él hará lo mismo, a pito de nada.

martes, 28 de diciembre de 2010

Río Luminoso

Nota: Van más de treinta versiones deste poema, en unos diez años. No está solucionado. Pero si lo publico es porque le falta poquito (creo). Forma parte del libro inédito "LUCIDESES", (Título tanpoco definitivo)

Río luminoso
Una tan cercana lejanía...
(Walter Benjamin)

Una vez fui a pescar peces al río Duqueco,
al interior de Los Ángeles.
Entonces me ensarté el anzuelo en un dedo
y ensangrenté una piedra redonda
que era como un aereolíto,
por eso lo recogí.

El sol estaba tremendo,
el río Duqueco tan ruiseño,
cuando se cayó mi aereolito en la orilla.
Se me perdió como un pensamiento.
Entonces recogí otra piedra perfecta,
como un huevo de dinosaurio.
Temí que el dinosaurio aún estaba allí.

Solté mi caña de pescar
pues me creí lanzador de bala olímpico:
tiré el huevo pétreo encontrado
a ese mi río luminoso.
O la piedra vuelve a rodar, me dije,
por el flujo que da a la mar,
y nos recuerde el alma dormida,
o se aquiete meditando
en este torrente frágil del estío,
y quizás origine un dique,
que cambie el curso del río.

En fin,
al borde del todo fluido
encontré una tercera piedra extraña:
¡Era aportillada como un picarón!
¡Eureka!, me dije yo.
Encontré una pieza arqueológica,
cuenta del collar de la Giganta de Baudelaire
o rastro de un ancestro que por aquí vivió,
quien quizás rompió un cráneo,
o molió maíz, con ese pétreo picarón.

Como si la piedra fuera un catalejo,
por su orificio redondo
enfoqué la montaña,
de donde rodaron las piedras,
y enfoqué esa orilla extraña
y espié un sauce nervioso,
cuyas guirnaldas lloronas tiritaban
cuando no había ni brisa
y sus sombras bailarinas
entre las piedras del torrente
eran la escritura del sol.



En la orilla del río Duqueco,
al interior de Los Ángeles
a donde fui a pescar peces,
alguna red de piedras
me atrapó por pescador.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cuentito perdedor en Santiago en 100 palabras

El Show

Fuimos a buscar algo a un terreno de acopio de escombros y cosas muertas. Encontramos un sillón colorado en buen estado. Confortablemente sentados chupamos cerveza, milagrosamente rescatada del terremoto desgraciado. Otro loco encuentra la caja de un ex televisor Bolocco, donde encajó su cabeza y contó chistes chanchos. Otro cantó con cara de limón a lo Lucho Barrios; y así. Nuestro “living” se llenó de gente que se turnó para triunfar en la tele.

jueves, 1 de abril de 2010

Reconozco y difundo a mi Maestro

Nadando
(In memorian Ghérasim Luca)

Alguien que nada en la nada,
ni siquiera nada,
da,
Dadá,
da lo mismo,
momo, momento,
momentito, ito...
¡Hay un hito!,
hito,
y tomo el océano,
o sea,
el océano tomo,
omo, omo,
¡Omo lava más blanco!,
lavo más blanco,
co, coco,
cocorico, condorito, cocodrilo,
¡hilo!,
hilo la cosa, osa, osa,
osando en la nada, dada,
¡DADA¡
¡Da en el blanco!,
coco, coco,
comienzo de nuevo, uevo, huevo...

¡El huevo y la gallina!
¿la gallina o el huevo?...
¡Comienzo de nuevo!!!...

Alguien que nada en la nada
ni siquiera, quiere, ere,
¡Eres bruto!, uto,
utópico, ¡pico!,
Pico de pájaro, aro, aro...
¡Aro aro, dijo doña Pancha Lecaros!
Caros, caro,
(Caro es el precio
precio de cientos
cientos de miles
miles de muertos
muertos penando
penando en el aire)

aire, aire, quiero aire,
ire
iré nadando,
ando,
¡ando volando bajo!,
ajo,
ajo para vampiros, iros, iro,

¡HIROSHIMA!
Ima, imagínate,
ate,
ateo, teo, teófilo, ilo,
hilo...
¡Hilo añadido!
ido...
idos y no volváis,
vais,
vais nadando,
dando
dando cuerda
cuerda floja
floja coja
coja, oja
hoja...
¡se acaba la hoja!,
ja
jajá, jamás,
más, más, mazapán,
pan pan pan,
pan de huevo, huevo
¡COMIENZO DE NUEVO!

Alguien que nada en la nada ni siquiera,
quiera, quiera,
¡ QUIERO!,
quiero,
quiero vino, vino,
vino y se fue, fuese,
fuésemos fuego como el vino, ino,
ino, inoxidable vine,
vine y me fui, fui,
fui, fuimos letras
letras, tras,
tras no nadar en la nada,
nada, nada,
¡noda!,
no da lo mismo el momento
¡no da lo mismo el momento!
Momento, momentito, ito,
Hito,
¡OTRO HITO!
Y tomo mi historia y no tomo el océano,
O sea no
¡O SEA NO TOMO LA NADA!

jueves, 24 de diciembre de 2009

Presentación del poemario “Dicha non desdicha”, de Miguel Vicuña Navarro



(Grillo Mujica & Miguel Vicuña, recital en París, 1985)




Soy Gustavo “Grillo” Mujica, poeta y editor de poetas, ambos oficios inútiles, tanto como el oficio de profesor de filosofía, el segundo oficio de Miguel Vicuña, poeta y amigo histórico, a quien tuve la suerte de editar, reparando una deuda con un cómplice de mi mismísima generación poética. Hablamos de Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, Claudio Bertoni, Cecilia Vicuña, Patricia Jerez, el jaiva Eduardo Parra, Bolaño, Mauricio Electorat, Jordi Lloret, Mauricio Redolez, y un largo etc., en donde, algunos ya son más leídos que otros, que lo serán sin duda. Casi todos los pocos que nombré estamos antalogados juntos. A casi todos los publiqué, o un librito o en alguna de las revistas de la diáspora chilena. Aclaro que al hablar de Generación Poética, y que nuestro colega aún desterrado en París, Waldo Rojas llamó “Promoción emergente”, me refiero a un período de publicaciones, que corresponde al exilio interior y exterior, y no a la edad de los poetas.

Deuda con Miguel, pues se me quedó bajo la mesa en París, en donde, en plena diáspora chilena, publiqué a los que les dije y otros, en Europa, con una imprentita con la que a veces sueño (una Gesterner 210), pues entonces Vicuña no me soltó ningún manuscrito, que recién me lo tiró por la cabeza ahora.

Con Miguel en ese período del exilio, coincidimos en Madrid, en donde compartimos un Departamento en la Calle Acuerdo 36, en pleno barrio Malasaña, con el escritor Radomiro Spotorno. Yo venía arrancando de una ruptura con una diosa, y mis cumpas me acogieron en una comunidad desatada. En ese barrio madrileño es donde se originó la tan mentada “MOVIDA” post franquista. Esos tiempos fueron iniciáticos, por el destape de una contracultura extraordinaria, que en Chile post pinochetista se dio de a poquitito y apenas. La MOVIDA, ese destape extraordinario, que nos marcaría. Fuimos antipoéticos y contraculturales, ambas tendencias ya recuperadas, que ahora son un chiste, con sus líderes payasos gagá. Coincidimos en París, también en pleno destape teórico post sesentayochiano, ambos casados con dos hermanas. Hicimos una revista de un número, FOSA COMÚN. Sufrimos, fiestamos y recitamos juntos. Miguel retornó antes a Chile y presentó la labor de “Ediciones GrilloM” en la librería Altamira. La paradoja, es que ya retornados, casi ni nos vimos, pues el neo liberalismo, apenas reparado por la Concertación, esa realidad real, nos tuvo, nos tiene, en una supervivencia absurda y precaria, a pesar de la cual, al menos yo, no me atrevo ha juzgar a los que se vendieron al sistema que detestamos y que tiende a ser peor.

Se supone, que cuando se presenta un libro, el presentador se refiere al autor y su obra. Y yo estoy hablando de contextos y anécdotas. Considero, que referirme a “dicha non desdicha”, desde mi lectura, es ponerle precio a las flores, primero, porque soy poeta, y si hay algo que detesto, es explicar un poemario, cosa interesante académicamente, pues en este ámbito se pretende reflejar diferentes lecturas. Sin embargo siempre o casi siempre, desde un punto de vista de la teoría literaria de moda.

Al poeta se le huele en su respiro, y les aseguro que Miguel Vicuña lo tiene. Solo les digo, que en este poemario, el poeta tiene contenidos arquetípicos de la poesía, como cantarle a sus padres (1). Además le canta a su “Ñusta”, musa perdida, y entremedio, tira joyitas sonoras y pseudos absurdas, que dan cuenta de una poética que busca la razón de ser del poema y del poeta. Y también, como no, se tira unos versos circunstanciales notables.
El común denominador de “Dicha non desdicha”, es decir de una felicidad que no se reniega, es el de un oficio poético fuera de lo común.

Sabemos, es vox populi, en Chile, levantas un poeta y hay una piedra. Miguel no es pétreo, es puro fluido, musical y paradójico, pero muy controlado en la forma, como un buen poeta profe. que sabe de lenguas y de filosofía.

Para terminar, agradezco a los dioses el inútil oficio de poeta, el solo invendible en la industria cultural, y agradezco a Uds. oidores y lectores avisados, de nuestro Chile, donde aún la poesía es más sentida que un terremoto.
Gracias
(15-diciembre-2009, en el Bar-restaurant Antrofino)


1) Los padres de Miguel, también poetas trememundos, como son Eliana Navarro y José Miguel Vicuña, el “Pepe”. Nos encontramos con una dinastía poética, que incluye a los hermanos de Miguel


después de tanto pensarlo

Después de tanto pensarlo
He logrado descubrir
Que vale nada impedir
El destino que se cumpla.
Muy difícil que se hunda
La entrega del corazón
Ruptura del esternón
En las olas del océano
Si el zorzal emprende el vuelo
Para cantar con el sol.

Siempre es posible aspirar
A dibujarle la página
Con poesía y sin armas
A esta rutina y su mal.


Miguel Vicuña Navarro.

Santiago de Chile, 1948.
Ha sido profesor de filosofía y literatura en la Universidad de Chile, Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS) y otras universidades chilenas. Ha publicado ensayos y artículos de filosofía en diarios y revistas de Chile y España. Fue director-editor de la revista de crítica cultural Número Quebrado (Santiago, 1988-1990). Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés y están recogidos en antologías chilenas, hispanoamericanas y españolas. Referencias a su poética pueden encontrarse en ensayos de Clara Janés, Luis Bocaz, Enrique Lihn, Soledad Bianchi, Manuel Espinoza, Waldo Rojas y otros. Su obra poética consta de los libros siguientes: Levadura del Azar (La Gaya Ciencia, Barcelona, 1980), Lengua de Cordero con Piel de Oveja (Sinfronteras, Santiago, 1986), Parábola Reversa (Semejanza, Santiago, 2004), a los que viene a sumarse el presente volumen.

“Dicha non desdicha” fue impreso en nov. 2009, en 150 ej. numerados y firmados por el autor. Formato de bolsillo, 86 págs. Pedidos a ediciones.grillom@gmail.com. $ 5000 + costos de envío

martes, 21 de abril de 2009

Chivas

Uso muchas palabras sin realmente saber sus significados.

Me puse a averiguar los significados en diccionarios y no sé como la mayoría de mis palabras son lo que significan. No sé como las supe las palabras que uso, no sé como adquirí desde sustantivos hasta voces más cargadas de significados. Supongo que después de aprender a leer, que creo la verdadera entrada a la humanidad de un animal, uno reconoce unas pocas palabras las cuales ayudan a entender de manera progresiva otras palabras y así. Creo que la adquisición de lenguaje tiene un proceso psináptico, en donde a mayor complejidad de significados, de enlaces en tramas de relaciones, mayor es la capacidad de suponer el significado de una palabra o ya concepto, que empiezo a usar naturalmente sin haber -la palabra o concepto- consultado jamás en el diccionario.

Tardío me dio un julepe (ya averigüé que esta palabra está bien empleada), reitero, me dio julepe, que a veces empleara palabras o conceptos nada que ver, es decir con significados no establecidos. Evidentemente consultando diccionarios me encontré con un cierto porcentaje de significados travestidos, o transversales. Bastó tomar conciencia de este porcentaje, -no menor- para considerarme incierto, en donde digo o escribo una cosa por decir o escribir otra, al menos, con respecto a mis oyentes o lectores.

Ahora, trato de ser riguroso en cualquier significado que exprese, pero, descubro con simpatía, que a todos los palabreros, les pasa lo mismo o quizás peor que a mi, usan (mos) normalmente muchas palabras, voces, conceptos, nada que ver. Entonces, no creo que esto sea incomunicación, sino lo contrario. Si yo leo o escucho una palabra que sospecho o intuyo que no corresponde al significado que yo le tengo, entonces psinápticamente le agrego carga de significado a esa palabra, pues no dudo que los significados son progresivos o se transforman.

Cuantas veces unas cuantas voces tienen para mi, más carga simbólica que tal cual.
Cuantas veces he descubierto un simple sustantivo con más carga que la palabra ser.
Demasiadas veces capto que un oyente me escucha pescado y estoy diciendo pez.

El oficio de poeta es la chiva (1. f. Am. Cen. Manta, colcha. 3. f. coloq. Chile. Mentira, embuste.) , justificación para la conciencia (del poeta) de la impostura o inexactitud de los significados, que reitero, como la materia, nada se pierde, solo se transforma.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Una mañana naranja

(Del libro inédito "Lucideces")

Una mañana naranja
me acurruqué en la arena
por un humor desvalido
o ensoñamiento de niño.

Mi cuerpo se aferró fetalmente
a las faldas de una duna
mi cabeza a ras de la arena
se apoyó en mi mano
que sonaba a fluído.

Mis párpados filtraron el sol mañanero,
mis dedos jugaron al reloj con la arena
de cuarzo y granito molido
por reflujos de olas del tiempo.

En otra dimensión,
de alguna playa secreta
no sé qué animas y meteoros
y espirales dorados y estrellas enanas
cosquillaron el alma a mis ojos.

Allí supe que un viaje astral
se hace quieto en las dunas
y fetalmente se siente
la presencia
de un Dios desconocido.

domingo, 3 de agosto de 2008

El Club

El Club

(De recuerdos de un bricoleur)

Bravo, vengan dados y buen vino,
que ya no importa el mañana.
Vivir,
“¡Vive mierda!, grita la muerte,
vive que pronto he de venir”
(Del poema “Copas”, Virgilio)

Fundamos el club con el “Cabezón”, el Walter Buzman, el Flaco Cheverri, Jean Louis y yo, exactamente un dieciocho de septiembre, celebrando las fiestas patrias.

Para ese dieciocho, la primera embajada post dictadura puso recursos, arrendó un lugar en la periferia parisina, en Savigny Le Temple. Un Chateaux con amplios jardines, donde la comunidad chilena instaló stands, fondas, escenarios, cada cual con su cuento. Las tribus del PC, PS, MIR y el poderoso clan del Club de fútbol Salvador Allende competían en chilenismo. Este último fue la única organización multipartidista que registro en París. Por lo demás fueron campeones de fútbol de alguna división. Le ganaron nada menos que a los argelinos. Tenían un poder logístico tal, que se permitieron de exportar al bolerista Lucho Barrios directo desde el Cuzco. Me cachetonéo que colaboré para que el maestro del bolero triunfara en el Olimpia, en fin, nuestro lobby chilensis tenía sus movidas.

Se produjo una “toma de terreno” en el Chateaux de Savigny Le Temple y sus jardines. Olvidamos por unas horas que habitábamos en Francia.

Con el Cabezón transitamos de lo más enfiestados, chispiados, emocionados con tanta chilenidad, cuando encontramos unos conocidos: el Walter, el flaco Cheverri y el Jean Luis. Copeteaban y jugaban cacho en una mesa con mantel floreado. Tan concentrados estaban en los dados, que los saludos fueron de reojo. Inmediatamente admiramos esta sana costumbre muy de Club Radical. No sé si alguien ha recuperado los antecedentes de que todos los gobiernos radicales de Chile, en el siglo pasado, ganaron las elecciones gracias a sus clubes sociales, donde se practicaba el cacho.

Este juego de dados lo sentimos como una identidad. Por eso fundamos el “Club de Cacheros”.
El cubilete de cuero se llama cacho pues antes se jugó en vasos artesaneados en cachos de vacunos.

Designamos como sede el restaurante “La Caleta”, en la rue Oberkamf. Los fundadores aprobamos reunirnos los primeros lunes de cada mes.

Tuvimos éxito convocatorio desde la primera sesión.

De los fundadores no recuerdo quien aportó que, pero ya en la primera reunión teníamos cocinadas las reglas del ahora famoso e histórico Club.

Antes tendría que explicar que es inexacto lo de cacheros, pues no jugábamos Cacho, juego de dados que es una suerte de poker. En realidad jugamos Dudo. El Dudo aún no averigüé su origen.

En los dados el uno es AS, evidentemente. Tonto es el dos, tren es tres, cuarta es cuatro, quinas es cinco, sexto: seis.

Debe existir una razón matemática para jugar Cacho y Dudo con cinco dados por cubilete. En el Dudo se parte tirando un solo dado. Quien saque el dado mayor empieza el juego. Luego los jugadores lanzan simultáneamente sus 5 dados y cada jugador ve su juego, invisible para los otros. Supongamos que juegan 5 jugadores, entonces hay 25 dados en juego, es decir 25 sextos, 25 quinas, 25 cuartas etc., en juego. Además, los ases son comodines, remplazan cualquier número de 2 a 6.

Supongamos que yo parta y canto 6 quinas (cincos). El jugador de mi izquierda (acaban de imponer, en el Club de Cacheros que funciona en el Club de ex Deportistas, de la Calle San Camilo, Santiago (RM), que el juego, funciona a la inversa de un reloj) En fín, da lo mismo para que lado de juega, el juego es que a quien le toca, está obligado a montar, dudar o calzar. No es relevante en este cuento saber exactamente como se juega Dudo. Pero es una información útil para entender el lema del Club de Cacheros:

“Dudo, luego monto y calzo”

El Club acordó desde un comienzo, que la Presidencia es del mejor jugador. El primer Presidente, fue este pecho. Les saqué la cresta a todos los participantes en un juego fundador. En ese juego histórico, atiné con dos calces, con más de cuarenta dados en juego. Era una excepcional partida con nueve jugadores. No es conveniente jugar tantos, pues es una partida muy demorosa. Con tres jugadores mínimo y cinco máximo es el juego ideal.

Los Cacheros tuvimos un éxito inusitado, para felicidad de los administradores del restaurante “La Caleta” en la rue Oberkanf. Ciertos primeros lunes del mes hubo hasta 20 cacheros que jugamos en cuatro mesas simultáneamente, en donde los cuatro ganadores eran los Master de la noche, peligrosos aspirantes a la Presidencia.

Pusimos reglas simples:

Prohibidas las mujeres y extranjeros.

Todo nuevo cachero debe ser presentado por un miembro “histórico”.

Solo se es aceptado por unanimidad.

Cada uno “mata su chancho”, es decir, cada cual paga su consumo.

Todo juego dudoso o incertidumbre numérica, es arbitrada por el Presidente.

Sentí el power , cortando el queso en estos diferendos.

El Secretario anotaba la bitácora del Club, asistentes, ganadores, Masters de la noche, etc. El Tesorero se encargaba de sacar cuentas del consumo y cobrar a cacheros ebrios. Él mismo podía estar muy curado, pero era (es) seco para los números.

Siempre o casi siempre, teníamos algún entusiasta apasionado que apostaba botellas de vino (shileno, evidentemente), apuestas que valían “callampa” pues, hasta el día de hoy, no se ha logrado especificar si pagaba el perdedor o ganador. Los de “La Caleta” nos apaleaban en los vinos, pues solo bebíamos vino chileno, obviamente mejor que los mostos franchutes.

La prohibición de que jugaran mujeres nos significó más de un conflicto, considerando que casi todos los miembros del Club eran casados o convivientes.

Al Peláo, miembro que habitaba en Semlis, a 100 kilómetros de París, su mujer no le creyó esto del Club y llegó un día disfrazada con peluca rubia, para constatar que su Peláo estaba efectivamente jugando cacho con sus amigos. Nos armó un escándalo jevi pues no la dejamos jugar. Fue ella que nos salió al paso con varias feministas cacheras que nos retaron a duelo y provocaron una elección revisionista de nuestras reglas. Personalmente, con mi influencia y power cachero, y mi no menor prestigio como Presidente, presenté la moción de que se aceptaran damas. Perdí por un voto. El “Cabezón” me traicionó. Se picó porque se dio cuenta que yo tenía como objetivo a una posible cachera. Alarma de cacha le llaman ahora. Los cacheros casados son muy celosos.

El Club tomó vuelo porque los casados se liberaban de sus iñoras y chiquillos por un rato y también era una alternativa más entretenida que las latosas reuniones partidistas. De todas maneras, los Cacheros trascendíamos peleas ideológicas.

Una vez el Walter tuvo el desliz de presentar como candidato a miembro, al nuevo embajador de Chile en Francia. Evidentemente, él minoría R. A., del P.C., se opuso. Sin mediar debate, el embajador fue rechazado. En el Club de Cacheros la minoría tenía (tiene) un poder no menor. (Como el estado de Israel. Son algunos rabinos culiáos que cambian la balanza para la izquierda o la derecha)

Otra vez, fue aceptado un Agregado Cultural que posteriormente escribió un bodrio intitulado By by París, en donde habla de los cacheros. Este tipo fue expulsado del Club, no sé el motivo. Me lo contó un tercer hocico. No me consta. Me dio lata chequear esta información.

Tenía que pasar. El Guatón Cheverri, me levantó la Presidencia. Ya conté que por regla fundamental, la Presidencia está siempre en juego. Me ganó con dos calces al hilo, con más dados en juego. Quizás era previsible que un ingeniero informático le ganara a un poeta. Pero tampoco a él le duró mucho. Siempre habría (habrá) alguien que calce con más dados en juego. De hecho, el actual presidente de los cacheros de Paris, calzó dos veces al hilo con más de sesenta dados en juego. Eso cuenta él y sus acólitos. No me consta. Le creo, por principio, de optimista, propositivo. Debe haber sido un juego de 13 cacheros, ¡demasié!

En todo caso la Presidencia del guatón Cheverri, le dio un giro más práctico al Club. Cierto lunes hizo una consulta a nuestra inteligencia colectiva. Utilizó su power, para solucionar un petit lobby familiar o de partido: un “pastelito”, un allegado impajaritable, un cabro con visa de turista por tres meses, evidentemente sin billete le había llegado por rebote. El flaco Cheverri nos consultó ¿Qué hago?. Era nuestro Presidente, por tanto ante semejante consulta los Cacheros nos sentimos sus asesores.

Que más placer para los cacheros que ser consultores, de una cosilla íntima. Por cierto interrumpimos el juego y nos pusimos a pensar. Nos sentimos en un reality Show. Este trabajo mental en equipo, evidentemente dio sed. El flaco Cheverri financió unas botellas para la inspiración.

Nuestra red con las autoridades socialistas francesas ya no servían para otro refugiado. El allegado no era perseguido político ni mucho menos. Ya teníamos un Gobierno democrático y por las nuevas leyes francesas, no era ninguna gracia estar ilegal. Nos informó nuestro Presidente que su allegado simplemente había soñado, desde que se pajeó con una foto de la Bardot, lograrlo con una mina francesa.

Le pedimos un breaf a nuestro Presidente, detalles sobre su allegado. Que hacía, edad, cuando llegó, planes, etc.

Sintetizo, llegamos después de un amplio y completísimo análisis, a la conclusión de: si al “Quelo”, - por Rogelio -, que así se llamaba el allegado tardío, le encantaba la salsa, la bailaba regio y le decían “El Huaso Travolta”, entonces el “Quelo” tenía una fortaleza tremenda.

Rogelio tenía que casarse para tener papeles. Aconsejamos que fuera a una salsoteca a pincharse una señorita francesa. Según varios cachetones, estas iban a cazar sudacas.

El escenario y Plan de Los Cacheros, no me creerán, fue un éxito. El “Quelo” fue a salsear donde le dijimos, se sirvió bien servida a una señorita que no era francesa sino alemana, que no es lo mismo pero es igual, y nuestro Rogelio logró, gracias a nuestra inteligente asesoría, tener pasaporte Europeo. La alemana chapurreaba español, quería un sudaca caliente y listo. Lo exportaron a Alemania.

Después del caso Quelo, el Club desgeneró en consultorio sentimental, con varios casos de miembros en ruptura con sus iñoras. Explico que entonces dividíamos a las féminas en señoritas, señoras e iñoras.

El Cabezón volvió a Chile con el rango de Secretario Perpetuo del Club. Yo había retornado un poco antes. Me informó que como miembro Fundador, yo tenía el rango de Presidente Peremne.

Con el Cabezón ahora somos culpables de la filial santiaguina, que tuvo una aceptación insospechada. Le rogué al Cabezón que me informara de todo lo acontecido en el Club después de mi partida de París. Entre otras anécdotas sabrosas me rindió cuenta de que un miembro connotado del Club, el Culises, quién fue record de estadía en prisiones políticas, auspició la entrada a Los Cacheros de alguien imparable. Nuestro héroe nacional, muy pichulero él, presentó a un simpático travesti. Físicamente un tantito rechoncha pero con innegable carisma. No estaba contra las reglas esta candidatura, pues la loca desatada no era mujer mujer y aunque hablaba como señora uruguaya, mostró un documento ONU timbrado con la palabrota apátrida. Por lo tanto, no era tampoco extranjero, era alguien de ninguna parte. Ponia se llamaba y logró muy luego espantar recelos machistas. Por lo demás, el sarcástico héroe nacional demostró que dos de nuestras reglas tenían rendija, la prohibición de admitir mujeres y a extranjeros.

El Ponia ganó todas las manos y casi friega al Presidente con tres calces al hilo. Además pagó el vino, guitarreó y cantó boleros como una diosa. Sé que después fue protagonista de una película, un corto o medio metraje que grabó Pulises, fascinado con ella. Por suerte para los cacheros, no reivindicó ser Presidente (a) del Club, que se lo merecía, pues era (es) capo (a) para calzar.

A posteriori, a nadie del Club de Cacheros, ahora ya internacional, con sedes en Paris, Uppsala, Santiago y Talca, se le ha ocurrido proponer la prohibición de membresía a los homosexuales. Claro que ha ningún miembro se le ha vuelto a pasar por la testa, apadrinar a algún otro otra.

miércoles, 25 de junio de 2008

El diván

El Diván

(De “Recuerdos de un bricoleur”*)

Jean Francois, Brigitte, Claire y Cristine, estudiantes a punto de egresar de L´Ecole Normal Superior de Ulm, comparten un amplio departamento en la calle Michel Chasles del Quartier Bastilla, barrio parisino emergente pues fue puesto a la moda por la instalación de intelectuales y artistas.

Me ceden una chambre de bonne, pieza destinada para el servicio, que los edificios burgueses del siglo 19 suelen tener en el último piso. Esas son las famosas buhardillas, habitáculo obligado de gente pobre o romántica, muchas aún con inodoros y duchas comunes para varios cuartos en el pasillo.

Mi ventana, tragaluz en ángulo, es un instrumento de percusión con el granizo de invierno y el pasaje hacia el cielo, o para asoleadas en bolas en verano. Da hacia un vértice del techo de hojalata, parada de una familia de cuervos, pajarracos que ganaron ese territorio a las palomas, aves que detesto.

Tengo una perspectiva otoñal de los techos.

En estas buhardillas han habitado casi todos los estudiantes y artistas extranjeros que han pasado por París el último siglo.

No sé, siempre tuve la impresión que en ciertos edificios y barrios de París no hay transcurso del tiempo.

A mis protectores les vino de perillas un bricoleur, además chileno. El golpe de estado en Chile fue un escándalo mundial, especialmente en Europa. La inteligencia políticamente correcta europea, ex sesentaiochianos, muchos ya en el poder, buscaban contacto con chilenos para, en su último romanticismo, apoyar la oposición anti-dictatorial.

Supieron que yo dirigía una revista político-cultural del exilio e inmediatamente me acogieron bajo su alero. Cristine, la historiadora, a propósito de mis “teorías”, sacó la conclusión de que los latinoamericanos estábamos en plena invención de nuestras identidades, como los judíos diaspóricos pos guerra. Ella, preciosa, logró que yo estudiara el Sionismo.

Ala comunidad franchuta les fabriqué bibliotecas para centenas de libros. Me recomendaban a sus relaciones para trabajos de pintura y carpintería. Fui el "maestro chasquilla" del movimiento "Change" y "Tel Quel", "chivas" de vanguardia parisina más o menos antagónicas. De hecho, no sé cual de los dos movimientos me utilizó para rendirle homenaje a Severo Sarduy, yegua barroca que yo encontré sumamente loca. En fin, yo también era un protegido exótico invitado a sus tertulias. Les cociné algunos pasteles de choclo. Les divertía mi horrible acento y se sorprendían de mi admiración por Walter Benjamín. Me pusieron a prueba o tal vez quisieron que yo fuera como ellos: me encargaron un artículo sobre el concepto de aura de Walter Benjamín, sobre el que yo hacía averiguaciones. Me declaré incompetente.

Mis nuevos amigos, pelaban a los movimientos parisinos que les dije, el Change (cambio) y el Tel Quel (Tal Cual). Descueraban a "concho" a Phillipe Sollers. Brigitte se preocupaba de alfabetizarse en las Ciencias Sociales. A sus reuniones, sumamente gastronómicas, llegaban personajes ahora casi todos famosos en la memoria de los intelos 70-80. Cotilleaban de Roland Barthes, Julia Kristeva, Michel Foucault, Derrida, etcétera. Tal como los posteriores potomodernos comentan los reality shows.

Brigitte intentaba explicarme a Deleuse y Guattari. El “Anti-Edipo” de estos señores y su análisis de Kafka me marcaron más anarco.

Sin paciencia y cero rigor teórico, saqué cuentas de un movimiento endogámico. Todos se citan entre ellos. Para agarrar algo, tenía primero que pescar a Saussure, a Jakobson, vacilarme la lingüística rusa y al menos Freud que, como mi padre psiquiatra lo detestaba, a mi me interesó. A Sigmund lo leí con tanto placer como a Barthes y al poético Lévi-Strauss. Este último señor, con su “Pensamiento Salvaje”, me instaló el temor de que la poesía no fuera como un bricolage ad infinitum, un montaje eterno, un producto-collage siempre provisorio, sin innovación, pues aparece siempre la pre-existencia de las partes viejas. Por estas orillas, le tomé bronca al concepto de intertexto de la Kristeva. “Kristeva, Kristeva, me tenís hasta las huevas” fue una resentida frase mía, que alguien catalogó como un “artefacto”. Considero los “artefactos” como idiotez poética.

Terminé más pegado a la Escuela de Frankfur, a su historia, más que a sus pensamientos. Me fascinó la anécdota del padre de uno de ellos, millonario por negocios de granos en Argentina, que financió la Escuela. Sudamérica mantuvo a pensadores mundiales, pensé...Guauu...

Emergían “los Nuevos Filósofos”. Políticamente incorrectos. Uno de ellos. un tal Lévi, el primer filósofo farandulero, enmierda a los sesentayochianos al opinar que Pinochet era bomba. Lévi fue humillado por un anarco-situacionista, con un sorpresivo ataque público: lo embadurnó con una tarta a la creme en pleno hocico. Este terrorista a la creme también atacó al héroe de mis amigos normalianos: nada menos que al cineasta Godard, de quién sólo me gustó la muerte callejera de Jean Paul Belmondo en “Sin aliento”.

Un día Jean Francois, el niño mimado de la comunidad de mis intelectuales protectores de la rue Michel Chasles, me comunicó que un “Psi”, -así decían por psicólogo, psicoanalista, psiquiatra- un “Psi” maestro de todos ellos, necesitaba de mis servicios de bricoleur. Mi manualidad me sostenía. Fui con mis herramientas al tiro.

Me apersoné en 5, rue de Lille, a un típico edificio burgués del siglo XIX. Abre la puerta un señor canoso con anteojos, un tanto acartonado. Saluda más bien a mi caja de herramientas que a mi. No recuerdo muchos detalles de su lugar. Quizás no me importaron o ya estaba habituado al entorno de intelectuales parisinos.

Con mi instinto ya entrenado catalogué a este señor como un obsesivo anal, digamos cliente pesado, por el orden comme il faut, ultra meticuloso de su entorno, de su biblioteca, muebles y objetos.

Me salió con un encargo de bricolage, digámoslo suavemente, chiflado. Me pidió que le aserrara un par de milímetros a una pata de un diván. Me dijo que necesitaba ese mueble con un petit defaut, traduzcamos cojera. Era el diván que utilizaban usualmente sus pacientes.

Algo me explicó: no quería de ningún modo una perfección burguesa en su exocuerpo cósico, es decir, sus muebles eran extensiones de él mismo, más que de sus usuarios cotidianos, atribulados pacientes de su consulta. Mi cliente quería que los cuerpos, los culos, los “uno mismos” de sus atribulados pacientes, no sintieran una estabilidad inmediata en su soporte. Quería que los usuarios(as) de ese diván, sintieran la cojera, sintieran una imperfección. Según él, sus pacientes soltarían más sus rollos y “nudos” al sentarse, al ocupar este mueble cojo, insoportablemente cojo, como la mayoría de los muebles de bistrots, de restaurantes, o de los muebles antiguos, me explicó?

Evidentemente él, fue indiferente a mi perplejidad idiota. Ejecuté lo que me pedía. Fue complicado intervenir el sofá pues era bastante pesado. Tuve que voltear lo, con la ayuda de mi mismísimo cliente para lograr aserrar delicadamente una pata del diván. Procedí con un serrucho de costilla, fino, esos utilizados por los enmarcadores. Mi cliente me seguía cada gesto.

Fue el primer parisino que no me preguntó de la situación chilena. Puntos a su favor.

Cuando terminé este trabajo absurdo limpié las briznas de aserrín y guardé en mi caja los restos de la pata del diván, para no ensuciar su papelero sin papeles. La pata, posiblemente por la calidad y dureza de la madera que no pude identificar, me dejó una lonja rectangular casi cuadrada, muy fina, negra de cera cochina del encerado del piso por una cara y corte de veta maderístico limpio por la otra cara.

Todo el operativo de imperfeccionar este mueble duraría una media hora. Saqué cuentas: su interés personal en mi obra me puso nervioso, más dos telefonazos- noté su demora en atender a propósito, - más, mi ida a mear al baño.

No tenía idea de cuanto cobrarle por semejante trabajo. Calculé unos pesos por desplazamiento y una hora mínima de trabajo “al negro” (sin impuestos).

Algo me comentó de la fascinación que le producían las herramientas, especialmente las de carpintería antiguas. Me pagó, se despidió con mano y todo. Me dirigí al Metro un poco frustrado por mi precaria ganancia.

Volví al departamento de mis protectores en la rue Michel Chasles, apostando que habría alguien. Preví dejar mis herramientas allí pues tenía pendiente una biblioteca que estaba armando en la pieza de Claire. Ella: un tanto rechoncha, con anteojos onda John Lennon. Ya lo lograba como crítica de cine en Le Monde. Me dedicó un libro de su autoría sobre Joris Ivens, documentalista. De este señor solo vi algo sobre los chinos de Mao y su documental de Valparaíso.

Me abrió Jean Francois, con un recipiente omeletero en la mano. No todos saben que no se puede dejar de batir los huevos para que la omelette resulte perfecta. Mi comunidad de normalianos tenía fijación con las omelettes, fáciles y rápidas de hacer. Jean Francois continuó batiendo los huevos dirigiéndose a la cocina. La omelette, según mitología francesa, fue inventada en Francia, cuando le improvisaron algo de comer a no sé cual rey que llegó sin aviso.

Al territorio de Claire me dirigí para a dejar la caja de herramientas. Tremendamente desordenada la Claire. Sus papeles, libros, diarios, revistas, ropas por los suelos, me ponían en situación de voyeur, de sapo, de mirón. Al menos ella tuvo la gentileza de chutear todas sus pertenencias alrededor de su cama, siempre deshecha. Un mero colchón en el suelo con sábanas verde loro y un par de ponchos étnicos.

Gentilmente Claire me había dejado limpio de cachuréos el territorio donde yo carpintereaba su biblioteca sur commande.

Jean Francois me llama de la cocina sin dejar de batir huevos. Pregunta curioso que necesitaba reparar su maestro. De repente, lo nomina: su maestro “psi”, psicólogo, psiquiatra, psicoanalista, es un fulano llamado Lacan. Allí caí en cuenta que mi chiflado cliente de la mañana era un señor importante. Brigitte ya había tratado que le hincara el diente a sus “Escritos”. Confieso que no lo logré, o digerí el libro a medias, aún considerando mi curiosidad de adicto rompecabezista.

Cuando le cuento el trabajito que le hice al “Psi”, Jean Francois se olvidó de su omelette. Muy excitado me interroga a quemarropa tratando de sacarme hasta el último detalle de lo que me dijo Lacan. Anotó todo. Le seguí la cuerda. Por una vez no puse de mi cosecha. Aunque mi memoria inmediata o a corto plazo es más bien frágil, supongo que entonces fui un informante relativamente exacto. Jean Francois se murió de la risa anotando, sin sospechar mi frustración por la precaria ganancia de ese día.

Lenguajié esa anécdota a mucha gente, era como un chiste. Después salió publicado por allí, como uno de los tantos excentrismos de Lacan.

A posteriori, me vino una curiosidad. Quise concurrir a uno de sus célebres Seminarios.

Solo llegando mucho antes logré, a codazo limpio instalarme en la doceava fila de una suerte de aula magna. Las primeras filas estaban absolutamente tomadas por una mafia acólita lacaniana. Su hija Sybille, su cuñado, los amigotes del cuñado, etc. Este tráfico de influencias me lo había advertido Jean Francois. Constaté la existencia de elites privilegiadas para la adquisición del logos.

El College de France estaba repleto. Me sorprendí por el estrellato de mi chiflado cliente. El señor psicoanalista era un super star. Había una instalación de circuitos cerrados de vidéo para los seguidores que llegaron a la hora convocada, en salas secundarias.

Lacan, anteojudo y canoso, ese día se sobrepasó. Hizo un círculo en el pizarrón y después otro, como dos huevas vacías. Se quedó mirando sus círculos meditando más de lo necesario, creando un suspenso. Imaginé que se referiría a alguna novedosa relación entre la teoría de conjuntos y el meollo. Evidentemente su exposición disparó en otra frecuencia. No voló una mosca entre los cientos de orejas atentas. Tuve un sentimiento de ignorancia atroz.

Lacan indica con un puntero el primer círculo que dibujó con tiza en el pizarrón y dice:

- ESTO, es un hoyo...

El público académico embobado. Yo embobado por el público.

Con el puntero, indica el otro círculo. Poniéndole color al tempo, con justo silencio entremedio, el suspenso de un viejo zorro académico, dice:

- ESTO, es otro hoyo...

El estudiantado psicoanalístico con todas las antenas paradas, atento a la parole, a su lenguajear.

A cuenta de nada, tira a continuación la sorpresiva anécdota que de la noche anterior, mirando una foto de su madre tuvo el impulso o compulsión incontrolable de fumarse un petard. El pito de cannabis aún lo tenía desconcertado y pedía, ordenaba, insinuaba a todos los presentes, que reflexionaran sobre el hoyo que conlleva otro hoyo y así. Carcajadas del estudiantado “Psi”. Deben faltarme frases, antecedentes que discursió entre medio. Como siempre me pasa, hago relaciones transversales o patafísicas y pensé que esos hoyos se relacionaban con algún concepto del infinito borgeano. De su conferencia magistral, mi meollo recuerda solo esos hoyos.

Supuse, hilando fino, que su asunto hoyístico + anécdota cannabíslistica, tenía un mismísimo equivalente chiflado de su encargo, ese de la cortadura de la pata al diván de la rue Lille. No sé, mi imaginación edípica interpreta un Monsieur Lacan como un seductor peso pesado. O como le llaman ahora en la red virtual, un maestro en marketing adicto.


Después de muerto Jacques Lacan, concurrí un sábado al Hotel Drouot.

Por orden de su hija Sybille se remataban objetos del famoso psicoanalista. “Cada lote será acompañado de una atestación certificando su origen”, decía la convocatoria.

Se remataron objetos de un desigual interés estético. Se vendió por un total de 717.500 francos, sin impuestos incluidos, según me informé. El martillero, Guy Loudmer, que se parecía vagamente al psiquiatra Lacan, logra 4.500 francos por un paragüero horroroso, 18.500 francos por una simple plancha de terciado con dos caballetes, que yo no vi en la consulta. Un puñal persa sube hasta 50.000 francos y una cerámica de Palissy (siglo 16) sale a 90.000.

La concurrencia no vino solo por los objetos del maestro. Se llenó de voyeurs, mirones copuchentos atentos al diván. Lacan debe haber utilizado una media docena, sino más, pero no importa. Los marchants se sobaron las manos cuando salió a remate el último. Las pujas se alocan por el diván que utilizaron los analizados por el maestro. Es adjudicado por 98.000 francos a un comprador anónimo, que operó mediante agente. Después de una larga batalla, le ganó a la psicoanalista Elisabeth Roudinesco. Nunca se supo quién logró el diván. Se rumoreó que fue Judith, la otra hija del maestro.

Puedo certificar que aquel era el diván que intervine.
En fin, la lonja de la pata del diván de Lacan aún la conservo. He pensado rematarla al mejor postor.

A los normalianos de la rue Michel Chasles, en el Barrio Bastilla, los echo de menos. No así a sus omelettes. Los huevos chilenos son más frescos.



*Bricoleur: francés: artesano reparador aproximado. Equivalente chileno: maestro chasquilla, en una connotación de reparador de cualquier objeto o artefacto de manera improvisada.
Prefiero la definición más o menos antropológica: reparador o armador de un todo con partes viejas o pre-existentes. Lévi.Strauss apunta que el bricoleur es mitopoético, (“El Pensamiento Salvaje”)